Ida y vuelta

Autor: Piero Maturana

El mural Ida y vuelta, del artista Piero Maturana, invita a observar con atención un territorio marcado por los ritmos cotidianos del viaje, el trabajo y la espera. La obra se emplaza en la Estación San Miguel como una presencia silenciosa que acompaña el tránsito diario, reconociendo en lo cotidiano una forma profunda de memoria compartida.

Piero Maturana nació en Curicó y comenzó su trayectoria artística a temprana edad, desde los 13 años. Su búsqueda por un lenguaje propio lo llevó a estudiar Artes Visuales en la Universidad de Concepción, experiencia que le permitió consolidar una base formal desde la cual posteriormente profundizó, de manera autónoma, en estudios inductivos del color y en la construcción de sus propias gamas cromáticas.

A lo largo de los años ha construido un estilo reconocible, en el que figuras y objetos parecen flotar sobre el blanco del muro o la tela, componiendo escenas de acciones simples y personajes comunes, vinculados a la memoria, el habitar y la experiencia diaria.
Su trabajo mural entiende el espacio público como un lugar de diálogo entre obra, arquitectura y territorio, y se ha desplegado en diversas ciudades de Chile —especialmente en Concepción, donde reside—. Paralelamente, su obra ha sido expuesta a nivel internacional en espacios como Adda Gallery en París y Galería Montana Gallery en Barcelona.

Tal como señala el propio artista, “San Miguel es un territorio donde la vida cotidiana se ha construido en torno al campo, al trabajo y a la espera”. Antes incluso de la existencia de la estación, “el tren ya organizaba los tiempos: salir, esperar y volver”, configurando una forma de habitar ligada a la repetición, la permanencia y el retorno. Por eso, el mural se articula desde la idea de ir y volver, entendida “como experiencia diaria más que como relato histórico”.

En el frontis de la estación, un canasto con peras y membrillos representa la salida: “el fruto del trabajo preparado para el viaje”. Junto a él, la figura de una niña en espera condensa “la infancia rural y el tiempo detenido antes de partir”. En el extremo opuesto, una mesa doméstica acompañada por un gallo alude al regreso: “la casa que espera, el espacio íntimo que permanece mientras otros van y vuelven”.

Entre ambos puntos, la imagen de una mujer rural trabajando la tierra se presenta como eje simbólico del mural, representando el esfuerzo cotidiano, el vínculo con el territorio y la continuidad del trabajo silencioso que sostiene la vida del lugar.

En la parte posterior del mural, un niño aparece recostado y descansando sobre un buey. En sus manos sostiene un pequeño juguete de una carreta con bueyes, imagen que refuerza la idea de tránsito y memoria, pero también la forma en que el desplazamiento y el trabajo eran vividos desde la infancia. Esta escena conecta el mundo rural con el juego, la relación cotidiana con los animales y la experiencia temprana del campo, donde el traslado no era solo un recorrido físico, sino parte del aprendizaje, la observación y la vida compartida.

Al interior de la estación, la escala se vuelve más íntima: plantas silvestres, moras y manzanas permiten que “la naturaleza entre como presencia constante”, evocando el entorno y los huertos domésticos.

La paleta cromática —suave y desaturada, con acentos más intensos— dialoga con la luz, el paisaje y el desgaste natural del lugar. Como afirma el artista, “el mural no busca convertirse en un hito ni explicar la historia de San Miguel, sino acompañar la experiencia cotidiana de quienes llegan y se van”, transformando la espera del tren en “un momento de calma y reconocimiento”.

Este mural forma parte del compromiso de EFE Trenes de Chile con la puesta en valor del patrimonio y el fortalecimiento de la cultura local, entendiendo las estaciones no solo como espacios de tránsito, sino también como lugares de encuentro, memoria y pertenencia.

La restauración de Cien años de Victoria constituye una contribución cultural significativa de EFE Trenes de Chile a la comunidad local y a la Región de La Araucanía, al develar una obra que permaneció oculta por más de veinte años. Con esta iniciativa, EFE reafirma su compromiso con la protección, puesta en valor y transmisión del patrimonio ferroviario, entendiendo las estaciones no solo como infraestructura de transporte, sino también como espacios de memoria, identidad y encuentro comunitario.

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