Cuidar y sanar sobre rieles: la historia del Dr. Benjamín Basso y su legado ferroviario

En esta tercera entrega de Objetos con Historia, nos detenemos en una dimensión muchas veces olvidada del mundo ferroviario: el cuidado de quienes lo hacían posible. Porque los trenes no solo se movían gracias a maquinistas, guarda cruces o mecánicos. También lo hacían gracias a quienes curaban, prevenían y acompañaban la salud de trabajadores y trabajadoras a lo largo de toda la red ferroviaria.

Benjamín Basso Benítez fue uno de ellos. Nacido en Arica en 1930, comenzó su trayectoria médica en la década de 1950 como parte del Servicio Sanitario de Ferrocarriles del Estado, atendiendo al personal del Ferrocarril Arica–La Paz. Más adelante, se especializó como radiólogo y fue trasladado a Santiago, donde trabajó en el Servicio Sanitario de Estación Central, atendiendo a trabajadores de Maestranza San Eugenio, Estación Central y Estación Mapocho.

Su historia se entrelaza con una de las instituciones más completas del sistema ferroviario chileno: el Servicio Sanitario de EFE, creado en 1918 con el propósito de brindar atención integral a las y los trabajadores del ferrocarril y a sus familias. Desde 1947, este servicio incluía atenciones tan diversas como cirugía, medicina general para adultos y niños, atención ginecológica, tratamiento de afecciones broncopulmonares, atención dental, curaciones, inyecciones, exámenes de laboratorio y consultas sociales. Era, literalmente, una red de salud sobre rieles.

Además de la atención médica, el servicio contaba con una Sección de Medicina Preventiva, encargada de realizar exámenes anuales y controlar el estado sanitario familiar para prevenir enfermedades infectocontagiosas.

La Sección Dental, por su parte, se enfocaba tanto en la prevención como en el tratamiento de lesiones dentales, mientras que el Servicio Social atendía hospitalizaciones, trámites previsionales, subsidios, pensiones y apoyo familiar.

Cada trabajador tenía su propia ficha médico-social, donde se registraban atenciones, exámenes, datos del grupo familiar y antecedentes sociales, siempre bajo estricta confidencialidad médica. Los tratamientos, medicamentos y hospitalizaciones eran financiados por el Servicio de Asistencia Médico-Social de la Caja de Previsión de los Ferrocarriles del Estado, quien se encarga de administrar el Servicio Sanitario.

Décadas más tarde, su hijo, Jorge Basso, encontró entre los objetos familiares diversos elementos que hablaban de ese pasado: un albarelo de cerámica que se usaba en la botica ferroviaria para almacenar ungüentos, un clavo rielero, un dibujo hecho por su padre y otros recuerdos que revelan el cariño y compromiso con la empresa. Con ese mismo afecto, Jorge decidió donar estas piezas a la colección patrimonial de EFE, para que fueran parte del relato que se conserva y comparte con las futuras generaciones.

Este gesto no solo recupera la figura del doctor Basso, sino que nos recuerda que el patrimonio también está hecho de cuidado, salud y vínculos humanos. Objetos pequeños que guardan grandes historias: frascos que alguna vez contuvieron remedios, clavos que unieron rieles, dibujos que contaron silencios.

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