Un viaje a la Imprenta de Ferrocarriles del Estado 

En la histórica Maestranza San Eugenio, conviven piezas de fierro y memorias vivas. Dentro de este espacio, en el antiguo Taller Eléctrico y de Baterías —hoy convertido en Taller y Depósito Patrimonial— se resguarda una colección que no solo cuenta la historia de los trenes, sino también del trabajo, la técnica y el afecto de quienes han puesto en movimiento el ferrocarril por generaciones.

Cada objeto que aquí se conserva —una linterna, una gorra, una pieza mecánica o una vieja boletera— guarda huellas del quehacer ferroviario. Muchos de estos bienes fueron resguardados del olvido por trabajadoras y trabajadores que, más allá de su función, reconocieron su valor: sabían que en ellos vivía una historia que merecía ser contada. No es solo lo técnico lo que se protege, sino la memoria de quienes dieron vida al sistema ferroviario a lo largo de todo Chile.

Los trenes no se mueven solos. Detrás de cada recorrido hay cientos de personas que han aportado con su trabajo, sus conocimientos y su compromiso. Sus relatos, muchas veces silenciosos, habitan también en los objetos que usaron día a día. Por eso, conservar estas piezas no es solo un gesto de resguardo: es una forma de rendir homenaje a esas vidas ferroviarias que han sido parte esencial del andar de EFE.

En esta primera entrega de “Objetos con Historia”, queremos llevarlos a un lugar que marcó silenciosamente el corazón operativo de los trenes chilenos: los Talleres Gráficos de los Ferrocarriles del Estado, conocidos más tarde como la Imprenta de Ferrocarriles.

Ubicados en la ciudad de Santiago, estos talleres fueron responsables durante décadas de la producción de todo el material impreso que acompañaba el funcionamiento ferroviario: desde boletos, formularios, reglamentos y hojas de servicio, hasta carteles de seguridad, horarios y señaléticas. Aunque no viajaban sobre rieles, estos papeles movían al tren.

Detrás de cada boleto cortado, tintado y numerado, había manos expertas y equipos robustos: guillotinas, marginadoras, impresoras de molde metálico y prensas adaptadas para cumplir con la creciente demanda de boletos. Fue aquí donde se imprimieron los últimos boletos de cartón tradicionales que acompañaron a millones de pasajeros hasta la transición tecnológica hacia los sistemas digitales y las tarjetas electrónicas. La imprenta dejó de operar oficialmente en mayo de 2005, cerrando un ciclo que había durado más de un siglo.

Pero más allá de la técnica, estos talleres fueron un espacio de trabajo con memoria. Juan Pérez Lavandero, actual funcionario de EFE con más de 37 años de trayectoria, comenzó su vida ferroviaria aquí. Fue testigo directo del funcionamiento de las boleteras mecánicas, del paso de la tinta al papel, del cartón al código digital. Su historia —que les compartiremos en la primera cápsula audiovisual— es también la historia de un oficio que, aunque desaparecido, sigue vivo en la colección patrimonial de EFE, donde se resguarda una de las máquinas impresoras originales que usó durante años.

Historias como la de Juan Pérez nos recuerdan que el patrimonio ferroviario no está solo en los trenes que vemos pasar, sino también en las manos que los sostuvieron y en las herramientas que hicieron posible su funcionamiento. En cada objeto resguardado en el Taller Patrimonial de EFE habita una historia de esfuerzo, de técnica y de afecto.

Los invitamos a seguir atentos a las próximas entregas de “Objetos con Historia”, una serie que busca reconectar el presente con las manos, herramientas y saberes que han hecho andar nuestros trenes.

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